Mala Educación

Es común decir de la gente que no tiene buenos modales que son gente mal educada o que han tenido una mala educación. En parte es verdad, pero expresarlo así parecería que estas personas recibieron una educación en donde les enseñaron a ser desatentos. Mas bien, por lo regular se debe a que estas personas no tuvieron una educación, es decir, no fueron sometidos a una instrucción donde les enseñaran a ser amables y considerados.

Podríamos inferir entonces que no hay una mala educación, pero si la hay. Es la educación que enseña a la gente a ponderar cosas de menos valor sobre las verdaderamente importantes y valiosas.
Esto, con regularidad es notorio en casi todos los aspectos de la vida del ser humano, pero en este caso consideraremos el área educativa.

Por ejemplo, cuando el sistema escolar sin querer le da mucha mas importancia a la calificación que a la verdadera educación, se incita a conseguir la calificación aprobatoria a toda costa, aunque vaya de por medio la integridad y honradez del alumno. Por eso es tan común que los estudiantes realicen toda suerte de trampas, desde “acordeones”, notas en la mano, en la ropa, copiar en los exámenes, copiar las tareas, plagiar trabajos con un simple “copy/paste”, usar dispositivos electrónicos o en niveles superiores sobornar maestros y hasta comprar títulos.
Tan solo el hecho de que exista esta clase de problemas, es el indicio de que se está en un mal sistema educativo, es la evidencia de una mala educación. Si fuera buena educación, a nivel universidad ya se tendrían que haber eliminado estos vicios, pero hasta las universidades mas renombradas reportan casos de alumnos tramposos, y esto solamente en lo que atañe a las calificaciones. Recientemente la Universidad de Harvard está reexaminando sus políticas de honestidad académica y reiterandolas a los estudiantes en medio de una investigación de cerca de 125 estudiantes que han plagiado o colaborado inapropiadamente en un examen final.
Una encuesta realizada del 2006 al 2012 en los Estados Unidos, (el cual tiene una calificación de 7,2 según el Índice de Percepción de la Corrupción 2011 de Transparency International, muy arriba de muchos países latinoamericanos), dice que un 60% de los alumnos aceptaron haber hecho trampa en la universidad. Del 2002 al 2006 era un 68%, pero mas que indicar una disminución, los analistas señalan que esto apunta, no a que haya bajado el porcentaje de estudiantes que hacen trampa, sino que cada vez son mas los estudiantes que no lo admiten o que no saben que sus practicas violan las reglas académicas. Algo anda mal con este tipo de educación, se esta enseñando sin saberlo a valorar cosas menos importantes, en otras palabras, es mala educación.

Pero no solamente las escuelas sopesan mas las calificaciones que el desarrollo integral de los jóvenes, esto ha afectado también a los padres, lo cual no es raro pues venimos de esta clase de sistema; si nuestros hijos tratan de ocultarnos sus malas calificaciones, no es nada mas problema de nuestros hijos, es también la falsa apreciación que tenemos con respecto a las cosas que son verdaderamente importantes que ya han influido en ellos. Deberíamos de hasta premiar el valor y honestidad de nuestros hijos de enseñarnos sus malas notas y reportes, enseguida podríamos ayudarlos con su aprovechamiento académico. Pero  hemos llegado hasta el punto en que nos da gracia que falsifiquen las firmas de los tutores para cumplir con los requisitos escolares, y hay quienes hasta cínicamente los elogiarán diciendo: “bien, se están preparando para la vida real”.  Los padres que solo están al pendiente de la calificación de los hijos sin saber como consiguen sus notas aprobatorias, son también promotores de la mala educación.

Seguramente a muchos sus padres les aconsejaban lo que mi padre nos decía a mis hermanos y a mi: “no importa que sea un seis o un siete, pero que sea tuyo” en ese tiempo no lo entendía, hoy lo entiendo, no es que estaba promoviendo una mala calificación, sino estaba cuidando nuestra calidad humana.

La crisis social del mundo que vivimos hoy, se debe a una mala educación fomentada en gran parte por los jefes de familia y por los sistemas educativos en los que tan ciegamente confiamos.

John Sloan Dickey, erudito e intelectual estadounidense, dice: “el fin de la educación es hacer que el hombre sea integro tanto en la competencia como en la conciencia”, por que “crear el poder de la competencia sin crear una dirección correspondiente para guiar el uso de ese poder, es una educación mala”.

Educación mala entonces, es aquella que desarrolla solo la parte de las habilidades y no la parte que tiene que ver con la ética. El resultado de esta mala educación, es precisamente el problema actual, profesionistas sin ética: licenciados, doctores, profesores, lideres religiosos, políticos, etc muchos de ellos sin ética. Pero, ¿que no todos ellos recibieron una educación? Si, una mala educación, pasando la mitad de su vida desarrollando solo la competencia pero no la conciencia.
Por eso no es de extrañar que los problemas mas fuertes que enfrentamos a nivel global, están siendo provocados por gente que ha sido “educada” en este tipo de sistemas de mala educación, y no por los que no han tenido oportunidad de mayores estudios. No creemos que la condición de no tener acceso a estudios superiores sea mejor, solo señalamos que lamentablemente aquello sin acceso a “educacion” superior no llegan a puestos altos de poder que puedan tener impacto a nivel mundial. Nos preguntamos ¿quienes deciden seguir explotando el petroleo con todos los problemas globales que esto conlleva y deliberadamente no aprovechar la energía alternativa? O ¿quienes mantienen en libertad a gente que debería estar en prisión por desfalcar naciones? O ¿quienes permiten la sobreexplotación de los recursos naturales? O ¿quienes decidieron que la salud fuera solo un simple negocio? O ¿quienes mantienen a poblaciones indígenas enteras sin los beneficios dignificantes que nuestras constituciones dictan como obligatorias? Estas decisiones no están en manos de gente sin preparación académica, están en manos de personas que han sido verdaderamente mal educadas que sirven a otros intereses que no son el bien del ser humano, ni del planeta.

Se necesita una educación que atienda el desarrollo tanto de las habilidades profesionales, como la ética, pero esta va primero y es rectora. Por eso, si en algo se debe diferenciar el sistema de educación en casa, de la educación tradicional, es que se atiende exhaustivamente las dos partes. La ética no es nada sin la habilidad profesional, y la habilidad profesional sin ética devalúa a la persona y crea problemas sociales crónicos, precisamente como los que enfrentamos hoy.

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