El Propósito de la Educación es Crear un Buen Hombre

“El propósito de la educación es crear un buen hombre”
Aristóteles

 

buen hombreLa razón de la educación es una de las cosas que deberían ser claras en nuestras mentes, antes de someter a nuestros hijos a cualquier tipo de programa educativo. La mayoría de la gente mete a sus hijos a las escuelas simplemente por que es lo usual, por que es obligatorio, o por que no sabrían que hacer con ellos sí los tuvieran todo el tiempo en casa. Matricularlos en la escuela se hace casi por inercia, sin meditar siquiera en el propósito de la educación.

Es aquí donde debemos preguntarnos, ¿cual es el objetivo de la educación? De la respuesta depende muchas de nuestras actitudes y nuestras siguientes decisiones. Podemos estar de acuerdo o no con Aristóteles de que el propósito de la educación es crear un buen hombre, pero pocos podrían poner objeción a tal meta, al fin y al cabo, ese sería uno de los propósitos más nobles que podríamos mencionar.

Pero ¿como podemos definir a un buen hombre? Aunque podríamos sacar un montón de definiciones, algo en lo que en general podemos estar de acuerdo, es que un buen hombre está en relación al bien que hace a sus semejantes. Dentro de esto podemos decir que un buen hombre no sería aquel que no le hace mal a nadie, sino que se debe enfatizar que es el que hace bien. Alguien que escoge servir cuando tiene la ocasión y el poder para hacerlo, y no usa el poder y la oportunidad para beneficiarse a costa de otros.

También podríamos decir que un buen hombre no es aquel de quien se pueden aprovechar, como se podría confundir, sino mas bien, la bondad esta relacionada con la voluntad de hacer el bien, no con la incapacidad o debilidad de una condición en la que no hay mas opciones.
Un buen hombre se manifiesta entonces, cuando tiene la libertad y capacidad tanto de hacer bien como de no hacerlo, pero escoge voluntariamente hacer bien. Entonces la noción de un buen hombre, obviamente tiene que ir más allá de simplemente no hacer mal.
La frase “no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan” no es la más acertada, la oración correcta reza: “haz a los hombres lo que quieras que los hombres hagan contigo”. Hay una diferencia muy marcada, los que no le hacen mal a nadie, caen en la primera declaración, un buen hombre cae en la segunda. Un buen hombre entonces se distingue de aquellos que no viven para hacer el bien.

¿Cuántos realmente piensan en la educación de sus hijos en estos términos? La mayoría de los padres mandan a sus hijos a la escuela para que cuando sean grandes, puedan conseguir un buen trabajo. Pero está forma de pensar dista mucho de ver la educación como instrumento para crear calidad humana.

Hemos pasado de ver la educación en relación a la formación de buenos hombres, a verla simplemente como un requisito para que puedan conseguir empleos bien pagados.
De hecho se oiría raro en este tiempo que un padre dijera que está mandando a sus hijos a la escuela para que sean buenos hombres. Se le tildaría de soñador, fanático, o al menos desubicado y sin expectativas claras. Se le sugeriría que tenga un poco más de visión y que tenga metas más ambiciosas.
Incluso alguien podría sugerir que para eso no se necesita ir a la escuela. Y es aquí donde se podrían empezar a aclarar algunas cosas.
Primero, ¿en donde se desarrolla la bondad?, ¿en la casa o en la escuela? y Que tiene que ir primero, ¿la habilidad o la calidad humana?

Las dos cosas son importantes, pero una tiene que ir primero que la otra, y esa es la calidad humana. Lo primero que se tiene que formar es un buen hombre, ese debe ser el objetivo primario de la educación. Sí se falla en eso, se fallará en lo otro. O más bien, las habilidades que se logren alcanzar no serán usadas de manera adecuada, por que faltará un buen hombre que quiera usar esas capacidades para el bien.

De hecho, este cambio en la forma de percibir la educación está propiciando los grandes problemas que tenemos en la actualidad. Hoy tenemos gente con grandes habilidades, usando estas para otros fines que no son el bien común.

Lo podríamos ilustrar con un caso hipotético. Pensemos en un químico farmacéutico que formula un medicamento contra el cáncer. Es algo que todos los seres humanos estamos esperando. Bien, se necesitan habilidades especiales para ello, ¿no es así? Pero sí tal persona no es un buen hombre, sino sólo un hombre hábil, lo más probable es que ese medicamento que está esperando el mundo entero, no llegué a todos por cuestiones de codicia. Ya que sería un medicamento con mucha demanda, es fácil hacer un negocio jugoso de ello. Pero para hacer eso mucho más rentable, se tendrían que tomar algunas medidas que quizás no beneficien a todos, sino sólo a unos cuántos, seguramente a los que tengan más dinero. Pues bien, es aquí donde se necesitan buenos hombres, que no sean doblegados por los intereses económicos.
Para ser buenos hombres no necesariamente se tiene que pensar en ser pobre, seguramente aquel que invente una cura contra el cáncer tendrá grandes dividendos, aunque promueva el beneficiar a todos los que lo necesiten.

El que la educación sea vista como la clave para crear buenos hombres, es un enfoque totalmente diferente al de estudiar sólo para poder ganar dinero. Esta perspectiva haría una gran diferencia en nuestra sociedad por que lo que el mundo necesita primero son buenos hombres, pero estos no se dan sin una verdadera educación que enfatice en la formación tanto de aptitudes como de actitudes. Por lo que un buen hombre sería aquel que tiene tanto el deseo de servir como la habilidad para poder hacerlo.

Por ello, todos los que puedan influir en los sistemas de educación, como aquellos que tienen escuela en casa, el propósito de la educación debería centrarse en crear buenos hombres.

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